
Alberto Fuguet ya era conocido en el mundo literario gracias a libros como Por Favor, Rebobinar; Las PelÃculas de mi Vida y Tinta Roja. Obras que lo convirtieron en abanderado de la denominada Nueva Narrativa Chilena. Sin dejar de escribir ficción y notas periodÃsticas, en los últimos años se volcó a la dirección cinematográfica, con igual repercusión. Hace unos dÃas estuvo en la 12ª edición del Bafici presentando Velódromo, su estupendo segundo largometraje. Esto es lo que nos dijo con respecto a la pelÃcula y otros proyectos.
¿Cómo surgió la idea de Velódromo?
La imagen esencial la tenÃa hace mucho tiempo: un tipo anda en bici por la noche, por calles tranquilas y luego se mete al velódromo y se encienden las luces. Casi como si Dios estuviera ahÃ, iluminándolo. Creo que tiene que ver con que me crié en USA, cerca de un velódromo. Mi padre me contaba de velódromos. Y las bicis aparecen en mis libros y, claro, en mi vida. Me gustan las pelis con bicis.
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VenÃas de dirigir Se Arrienda, que era una pelÃcula un poco más grande. Velódromo es un proyecto más chico. ¿Fue una decisión consciente hacer un film más pequeño y personal?
No sé si “venÃa†porque Se Arrienda es del 2005. VenÃa de pasar una pesadilla horrorosa que me lleno de aún más resentimiento pero, a la vez, me liberó. Y esa fue la idea es ser internacional, de conseguir dineros del WCF, de Cannes, de Rotterdam. Me metà en un proyecto que pudo haber sido muy bello. Una cinta dramática, más oscura, pero que también se estructuraba en torno a un tipo no del todo integrado. Se llamaba Perdido. Y como me dijo una amiga, qué esperaba. Nadie puede titular una pelÃcula con ese nombre y luego esperar estrenarla. PodrÃa contarte mil historias, todas dementes, asquerosas y cansadoras. Pero capté que yo no tenÃa la capacidad logÃstica, mental y la resistencia para filmar una cinta de arte, o de autor, que costaba 500.000 dólares. Además, de a poco, empezó a subir a medida que más gente se subÃa al proyecto. Todo fue un horror. Hasta tuve sueldo por unos meses y una oficina, pero fue un horror. Perdà todos los fondos. Uno lo perdà por “ser demasiado clásico, demasiado tres actosâ€. Y los que casi gané eran peores porque habÃa que llenar la cinta de españoles o mentir y editar en Francia o cosas peores. Velódromo es una respuesta a esa pesadilla, a ver la bestia cinematográfica, tanto la industrial como la festivalera, en los ojos. Decidà hacer una comedia que, a la vez, tuviera esto de andar en bici por la noche. Velódromo viene, en rigor, de un corto que me cambió la vida y que se llama 2 Horas y que se filmó con una cámara chica Lumix de fotos normal, ni siquiera HD, y que al final quedó en Rotterdam (a pesar que habÃa decidido tomar a Rotterdam con el “eje del malâ€). 2 Horas me hizo darme cuenta que el cine podÃa parecerse de verdad a la literatura. No tanto en el nivel que ambas narran, ambos usan personajes, sino en lo esencial: que se puede filmar —rodar— parecido a como se escribe. De forma tranquila, Ãntima y sin tener que gastar toda tu energÃa en fondos o en burocracia o, por último, en manejar grandes equipos y planes de rodaje.
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¿Cuánto tiempo te llevó hacerlo?
Empezamos a escribir el guión el 1 de enero del 2009. Rodamos como 17 dÃas a largo de julio y agosto del 09. Estrenamos en abril del 2010. Me tomé algo de tiempo en la mesa de montaje porque entre medio lancé un libro
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¿Siempre tuviste claro que la pelÃcula estarÃa estructurada a modo de viñeta?
SÃ. Me encantan las cintas con viñetas y además estaba leyendo una suerte de diario-de-vida gráfica de un caricaturista/escritor llamado Jeffrey Brown. Me gusta mucho Hannah y sus Hermanas, además. Y claro, querÃa una voz en off, sà o sÃ.
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¿Cuáles fueron tus principales influencias? ¿Puede ser que Excursiones, de Ezequiel Acuña, haya sido una de ellas?
No lo sé, tantas. Uno es la suma de ellas. Soy fan, fan de Excursiones y de todo el mundo Acuñano, aunque Velódromo ya existÃa como guión y estaba a punto de filmarla cuando la vi el pasado abril. Pero más allá de las indudables conexiones, me gusta el tono y la textura de las cintas de Ezequiel. Y si le pregunté mucho por su forma de rodar, y eso lo imité. Eso de no filmar todo de una. Fuimos parando, usando fines de semana, dejando pasar tiempo. La idea era que la cinta no era una juguera que tenÃa que salir de la fábrica tal dÃa. Da miedo reconocer las influencias porque da para que la gente se rÃa de uno. Pero Woody Allen sin duda fue uno, y Phillip Roth, y la música de Shogún y quizás Old Joy. Y la Nueva Ola, claro, todo lo francés que se hizo sin dinero. Me gusta lo que hace Toback y creo que, si bien influyó más Perdido, creo que El Latido de mi Corazón es una cinta clave. En general toda cinta que podrÃa cambiarse su tÃtulo por el nombre de su protagonista me interesa. También, en forma negativa, o al revés, digamos, creo que a la hora de hacer el guión tanto yo como René MartÃn no fijamos harto en los finales de las cintas a Apatow... Creo que discutimos harto sin “entregar†a Ariel a la madurez como sucede con Rogen en Ligeramente Embarazada o dejarlo ser. Optamos, claro, por lo segundo. Lo otro fue mirar cintas latinoamericanas que estaban triunfando y no hacer eso: por eso no matamos animales o hay sexo explÃcito o hermafroditas. Otra no-influencia fue el llamado Mumblecore de USA. SabÃamos que Ãbamos a ser una peli sin presupuesto, pero no por eso no podÃamos tener un guión sólido. Como escritor me niego a la improvisación. Creo que se nota y para mal. en ese sentido, no sé, soy bien fan de alguien como Noah Baumbach.
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¿Cómo diste con Pablo Cerda?
A Pablo lo conocà en un casting de Se Arrienda, donde llegó calvo y sin cejas. Y le di el rol de Las hormigas asesinas pero al final me llamó, nos juntamos y me dijo que estaba con dudas. HabÃa quedado seleccionado para representar a Chile en Seúl en un campeonato de Hankido. Le dije que pelÃculas habrÃan muchas, campeonatos menos. Ahà lo admiré porque capté que no “solo un actorâ€. De hecho, dirige, escribe y tiene mil ideas. Llamé a Pablo para Perdido y nada, desde entonces somos amigos y quiero seguir haciendo pelÃculas juntos, al menos cerrar un ciclo de personajes. Pablo estuvo en 2 Horas y ahora filmamos, en inglés, Música Campesina en Tennessee. Tenemos un par de proyectos futuros, tal como él tiene también aunque no conmigo. Recomiendo ver su corto Domingo. Es realmente bueno.
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¿Cuánto de vos hay en Ariel Roth?
Espero que mucho. Me cae demasiado bien. Creo que Ariel es una suma de mÃ, de co-guionista y de Pablo, pero a la larga se arma —espero— como alguien. Una de las cosas que me tienen contento es que ya se refieren a él como Ariel y no con el nombre del actor o “el protagonistaâ€. La verdadera meta es Ariel se pareciera a mucho de los espectadores. Eso fue, sin duda, analizado. Fue mirar y ver que tipo de personajes existÃan pero no aún no estaba en nuestras pantallas latinoamericanas.
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En la pelÃcula se parodia a la figura del joven director cool, que recorre festivales con sus obras. Y hay algo similar relacionado con el joven escritor para el que Ariel diseña la tapa del libro. ¿Fueron chistes o hay intenciones de parodiar a ciertos personajes?
Ambas cosas. Creo. Y me parecÃan buenos personajes por sus contradicciones. Me alucina la figura del fanático de Antonioni auspiciado por Adidas. Entre chistes, algo de asco, resentimiento y por cierto captar los tiempos. Hoy todo lo que es joven y fácil y guapo vende y es importante. He visto reportes donde autores son rechazados por feos, tÃmidos, tartamudos, etc. Es una suma de todo pero, en rigor, no creo que es criticar ni tampoco parodiar. El estado actual de las cosas ya es una parodia. Es mas bien mostrar la cosas como son, algo que siempre he hecho. Me gustan las obras que hablan del momento en que se hicieron.
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¿Cómo trabajás con los actores? Siendo vos escritor, ¿te atenés al guión o también le das lugar a la improvisación?
El casting es clave. Y es un casting de conversación. Si conecto, arriba. Yo debo sentirme en confianza y ellos también conmigo. Ser actor no es fácil y mi labor es, creo, hacerlos sentir cómodos. El guión es clave. Tiendo a ensayar con cada uno antes, sin Pablo. Conversamos mucho con cada uno. Y no, nada de improvisación, la idea es que el texto no parezca texto pero es texto. Me he rodeado con buena gente, creo, o con gente buena que no siempre tiene la oportunidad de hacer mala televisión.
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La música es esencial en tu obra. Es excelente cuando suenan Faith No More, T-Rex, Blondie... ¡Rick Astley! Hasta me sorprendió escuchar la oscura e irresistible balada “Fade into youâ€, de Mazzy Star. ¿Tuviste problemas para conseguir los derechos de los temas musicales?
La primera idea fue que la música incidental fuera de Shogún. Y ahà está en muchos momentos ciclÃsticos. Casi filmé pero por tiempo no tuve un recital de Shogún. Heyne es amigo y me apoyado cien por ciento en todo. Sumé a mi equipo a un amigo músico, que fue parte de Teleradio Donoso, una banda y conversamos harto. Lo primero fue que Ariel no estarÃa escuchando bandas chilenas todo el dÃa ni menos que todo lo que se llama diegético sea local. Además es cinéfilo: ve cine. Por lo que no es raro que le guste Raindrops, pero ahà decidimos con Heyne hacer un cover más seco, más desnudo, más triste y más chileno, y la versión de José Baudrand me encanta porque se nota que sabe inglés pero también está claro que no es un nativo y eso le da algo extra a la canción. En una disco de ese tipo, que hace fiestas kitsch de los ‘80, no puede sonar un tema local nuevo. La decisión musical que tomamos fue que cada dueño de local estaba loco. AsÃ, suena la banda de Karate Kid en una restorán de sushi o en un local que se cree submarino suena “Beyond the Seaâ€. Si fuéramos realistas, en esa fiesta de gente cool de cine deberÃa sonar lo que sonaba: música electrónica de moda. Se me ocurrió que el dueño de ese local era una mina mayor que ha fumado mucho y por eso toca intérpretes mujeres roncas o tristes. En rigor, no hay locales asÃ, como tampoco bares “chetos†donde tocan Lovage. Faith No More es una deuda. Mi primer libro tiene un epÃgrafe de FNM y Patton es un amigo pero sobre todo una influencia y una de las pocas personas que conozco que pueden ser catalogados de genio. Le pedà el tema y me lo pasó generosamente y me dijo: “Usa lo que quieres de todos. Y si te demandan, lo cambias. Y si Fox luego quiere estrenar Velódromo en mil salas en USA, genial. Ellos se encargan de los derechosâ€. Asà que hice lo mismo con los libros: siempre he citado canciones, letras o autores y no es necesario pagar por eso.
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En tus dos pelÃculas como director siempre escribiste el material también, pero en colaboración con otros guionistas. ¿A qué respondió la decisión de contar con co-guionistas?
A que el cine es colaboración y lo será en todas las etapas asà que por qué no partir de inmediato. Buena parte de las cintas que más admiro, y muy de autor, han sido escritos a medias. Uno es tan bueno como tus colaboradores. Además, creo que los guiones deben hacerse relativamente rápido y con rigor. Juntarse, tomar café, ver pelis, darse tareas. Por eso. Acabo de hacer un largo que escribÃ, en inglés, y lo hice solo y fue duro. Pero lo hice. Lo escribà en 10 dÃas y lo filmé en ocho, en Nashville. Quizás haga otro solo, no sé. El guión es muy importante y la idea es tener experiencias distintas a escribir libros que claramente es un acto solitario. Ahora deseo adaptar algo. Eso era Perdido: una adaptación extremadamente libre pero adaptación. Espero adaptar un dÃa. Lo otro que me gustarÃa es que me pidieran un guión por encargo. Pero se pasa mejor escribiendo a medias, tal como sucede luego con los actores, el montaje, el sonido, la música. Filmar con amigos y cómplices es mejor que crear con desconocidos o mercenarios. Para mà esto no es una industria. Hay industria y por lo general está en la televisión y en la publicidad. No es mi mundo. Filmar debe ser algo festivo y para eso es clave rodearte de gente que te cae bien y no sientes que te juzguen o duden de lo que estás haciendo.
Empezaste escribiendo, tanto ficción como notas periodÃsticas. ¿Cómo fue el pasaje de la escritura a la dirección de cine?
En rigor, es al revés. Siempre quise hacer cine. Fui crÃtico. Ingresé a periodismo porque era lo más cercano al cine. Y empecé a escribir porque no podÃa filmar. En todo caso, cada uno tiene sus caminos y creo que mi camino me sirvió, sobre todo porque me parece extremadamente difÃcil dirigir sin haber el escrito el guión.
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Chile cuenta con una serie de nuevos directores jóvenes que le cambiaron la cara a la cinematografÃa: Pablo LarraÃn, MatÃas Bize, Nicolás López... ¿Qué opinas del denominado Nuevo Cine Chileno? ¿Te sentÃs parte de él?
Yo ya no soy nuevo aunque sà chileno. Eh… no sé. Algo. Ya fui parte de la Nueva Narrativa Chilena que al final se desmembró. Ser chileno o argentino o colombiano no basta para armar una movimiento. Le tengo miedo a las camisetas. A la larga, cada uno es de su planeta. Y el cine se arma no sólo con lo que se filma cerca de tuyo sino con el cine que se filma lejos. Pero por ciertos hay lazos, complicidades y cosas en común. López es un aliado y creo que tenemos muchas cosas en común, pero creo que a futuro habrá que hablar más de “un tipo de cine†que de paÃses. El terror trasciende fronteras y si bien el asiático es distinto al italiano, la palabra terror es la primera que se nombra. Dicho eso, sin duda la influencia del dÃa a dÃa de tu entorno te dicta y te hermana. Y no me cabe duda que, desde fuera, cineastas muy distintos parecen tener cosas en común. Lo que te dirÃa que es que me siento parte, pero en parte. Si me tiene contento esto del cine barato y garage que está surgiendo a lo oficial y ahà se nota creatividad y mundos personales. Ahà está, por cierto, La Nana y ahora cintas tan diferentes como algunas de las que llegaron al Bafici como Weekend, 31 de abril y Te CreÃs la más Linda.
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¿Pudiste ver algo de cine argentino últimamente?
No tanto. Sigue el tema de la distribución: hay que viajar para ver. Vi El Secreto de tus Ojos. Me pareció efectiva, aunque narrativamente algo tramposa. Me gustó bastante Una Semana Solos y Encarnación. Excursiones me pareció notable, tanto que costaba creer que salÃa del mismo paÃs que últimamente ha sido el favorito de BerlÃn y Rotterdam. Vi Gigante, que no es Argentina, pero es del RÃo de la Plata, y si bien empezó a asustarme, pensé que se iba a ir por la ruta del cine indie mudo latinoamericano, al rato me conquistó y mucho. Me encantó Gigante.
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¿Es posible adelantar detalles de tus próximos proyectos? (Sean literarios o cinematográficos)
Bueno, mi libro o novela de no-ficción Missing sale en Argentina en octubre, creo.
Saldrá en el resto de Américan Latina durante este año. También estoy con la novela gráfica Perdido, que se basa, claro, en el guión que no se filmó. Y ando juntando cuentos que capaz que salgan este año o el otro. ¿Qué mas? Ah, y ahora me toca editar mi tercer largo: Música Campesina. La meta es tenerla editada antes del estreno de Velódromo acá en Santiago.
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Por último, ¿solés andar mucho en bicicleta?
Algo. No tanto como Ariel, pero he andado y mucho. De vez en cuando me subo. Sà anduve mucho durante la filmación, para locacionar, para mirar, para desconectarme. Todas las rutas de Ariel la hice o hicimos antes. Eso fue clave.





