Sin arrepentimientos
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LOBO, una promesa que no se cumplió…
Una pochoclera...
Game of Thrones… Un cuento de hadas para Adultos
Como ya les he mencionado en columnas anteriores, me encantan los cuentos de hadas. No solo me encantan, los he consumido desde muy pequeña y hasta la fecha, con avidez remarcable. A algunos los leÃa y a otros los miraba en la tele o el cine. Recuerdo que uno del los cuentos de hadas que mas disfruté fue El Pájaro Azul, la producción ruso-americana de 1976, protagonizada por Elizabeth Taylor, cuyo reestreno en Huinca como diez años después, fue un total fracaso excepto para mi hermana y para mà que no querÃamos salir del cine. La gente se iba, aburrida como hongo, pero mi madre no nos podÃa sacar de las butacas. Dios mÃo… Boogie Nights...
Hoy estuve de un humor de perros, al borde de la demencia. Mi mañana no arrancó todo lo feliz que me hubiera gustado. De hecho, me crisparon los nervios desde bien tempranito. Los dueños del departamento de arriba decidieron renovar la cocina y el baño asà que, esta mañana, mientras yo trataba de tener mi sueño de belleza, reparador y reconfortante, comenzaron a demoler los cerámicos a golpe de maza y con uno de esos taladros neumáticos, que meten un batifondo proverbial y están diseñados para que la gente pierda el juicio en cuestión de segundos. Primero los mandé a la concha de su madre desde mi cama, pero, cuando vi que el exabrupto no surtÃa otro efecto más que el de asustar a mis pobres gatos, me asomé por la ventana y amenacé con meterles una granada en el trasero si no dejaban de joder con el taladro. ¡Si, asà iban a reventar rápido y a terminar el trabajito de una sola vez! Por supuesto, nadie me dio ni tronco de pelota y los trabajos siguieron, aún cuando me quejé con dos de los porteros y con el administrador. Fui bastante razonable, les dije que la maza me la bancaba, pero que el taladro era demasiado. Parece que en este edificio la gente no está familiarizada con el concepto de contaminación sonora, asà que sonrisita va, sonrisita viene, me mandaron a lavar los platos. En fin, al carajo… Si pierdo la cordura y los dinamito a todos, se van a tener que ir a cantarle a Gardel. |










