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Nomeolvides en la Niebla
Dirección & AutorÃa: Anahà Ribeiro. Diseño de Luces: Akira Patiño. Producción General: Carlos Monteros. EscenografÃa: Juan Guerrero. Diseño Sonoro: Pablo Douchovny. Asistencia de Dirección: Leonardo Izraelevitch. Elenco: AgustÃn Quiroga, Geraldine Farhat, José Escobar, Graciela Levaggi, RocÃo Esclavo.
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Imitación a la VidaÂ
Transportarse al mundo que Anahà Ribeiro construye en Nomeolvides en la Niebla es abocarse a realizar un viaje al pasado… al pasado del teatro, de la actuación e incluso del cine.
Reminiscencias de la literatura de Tenesse Williams o Arthur Miller, o las obra cinematográficas de Douglas Sirk acaso.
Un decorado opulente, un living comedor que parece sacado de la década del ’20 nos anuncia que estamos frente a una obra que parece estar muy alejada de lo que nos acostumbra a mostrar el teatro off o under.
Los personajes tienen una impronta meticulosamente trabajada en base a posturas y maneras de hablar que no se corresponden a la actualidad.
SÃ, un viaje en el tiempo. Como el que realizábamos con Todd Haynes cuando veÃamos Lejos del ParaÃso (2002), la magnÃfica obra con Julianne Moore y Dennis Quaid, que hablaba sobre el dilema de mantener la imagen sobre la “familia perfecta†ante los ojos de la sociedad, mantener la vida que dictan las revistas de moda, la casa de muñecas. Mientras que los sentimientos y los impulsos genuinos deben ser reprimidos.
Francisco (Quiroga) es el hijo de un empresario venido en decadencia, fallecido hace varios años, quien resuelve casarse por conveniencia con la hija de una ex empleada del padre para mantener un estatus quo social. Unos dÃas antes de que se concrete el enlace con MarÃa (Esclavo), llega, Blanca (Farhat), la hermana mayor de la misma. A diferencia, de la primera, Blanca es una mujer autosuficiente, independiente que no desea mostrar fragilidad ante los ojos de Francisco, que a pesar de tener una mano discapacitada, ha sabido luchar contra los prejuicios de la sociedad y salir adelante en la vida. En el medio, en la misma casa, vive la madre (Levaggi) de ambas, una mujer de pasado oscuro, irónica y carácter fuerte, que continuamente enfrenta a Francisco por el control sobre el hogar.
Francisco es frÃo e infeliz. No ama a MarÃa realmente. Lo que más le importa es poder saldar las deudas que dejó el padre y poder sostener la “familiaâ€. Sin embargo empieza a encontrar en Blanca, un alma gemela, una persona que lo comprende y ve más allá de la coraza que él mismo se impone. Pero, justamente, el hecho de tener que mantener las apariencias de no poder jugarse por los sentimientos imposibilitarán que la relación llegue adelante. La llegada de un amigo de Francisco (Escobar) no hará meas que complicar el asunto.
Ribeiro controla cada detalle de la puesta: realmente estamos dentro de los años ’50: no hay contexto histórico que nos sitúe especÃficamente en un año por suerte, por lo que se lee, que lo que se desea no es hacer una crÃtica polÃtica. Pero sà una manera de demostrar la forma en que el juego de las apariencias, que era tan tÃpica de la época terminó por marcar a las generaciones venideras.
Un melodrama cuidado. La iluminación juega un rol central, no es azarosa ninguna luz, y cada postura y forma de caminar esta cuidado. Tiene una importancia fundamental el fuera de campo, el mundo exterior que funciona como una capsula de todos los miedos que se impregnan en el miedo de la familia: salir de este microuniverso significa ponerse en contra de la sociedad. Cada color está elegido de forma justificada, y los diálogos tienen un ritmo inusualmente fluido pero a la vez bien modulado, elegante, tÃpico de la época.
A pesar de la solemnidad que impregna el relato, la narración es llevadera durante los 100 minutos que dura la obra. Es atrapante, triste, melancólico y bello a la vez el clima que se crea en torno a los personajes.
Las interpretaciones son sólidas, principalmente las de Quiroga, Farhat y Levaggi, quienes tienen que mostrar diferentes máscaras a medida que avanza la obra. Las máscaras se van cayendo y uno puede ver las distintas capas internas de los personajes, lo que denota un trabajo meticuloso en lo que respecta a dirección de actores y creación de personajes.
Es posible que, entre tanto lucimiento interpretativo, el personaje de RocÃo Esclavo quede un poco reducido, y hubiese sido interesante verlo “explotar†un poco más.
El nuevo teatro Garrick alberga una obra sensible, bella, inusualmente clásica, pero trabajada de forma armoniosa. Cuando uno entra en el código, ya se olvida que está sentado en la butaca, la voz de Ella Fitzgerarld de fondo nos transporta en el tiempo de por sÃ… y asà como Lana Turner en 1959, gracias a Anahà Ribeiro y equipo, nuevamente, logramos ser parte de esta “imitación a la vidaâ€
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Teatro: Garrick - Av. Avellaneda 1359 Cap. Fed.
Reservas: 3526 - 7439
Funciones: Sábados a las 20 Hs
Entrada: $ 40 - $25 (jubilados)
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